“Cuando repetí jardín de infantes por no saber dibujar”


“Cuando repetí jardín de infantes por no saber dibujar”

Un día, en el jardín, en la salita “color celeste de 4 años” estábamos sentados en nuestros trapitos de piso bordados que eran para estar en el suelo, la seño nos contó la historia de la Casita de Tucumán, allí donde muchas personas debían entrar a una casa, hablar y liberarse del rey de españa.
Yo entusiasmada, feliz, ansiosa toda mi corta vida solo buscaba aprender, solo quería leer y sabía que no lo hacía, entonces siempre me narraban historias en mi casa y sentía que leía con las únicas herramientas valiosas que tenía: mi imaginación, mi felicidad, mi entusiasmo y toda mi vida de tiempo para dedicarme a ser lo que más quería ser en este mundo.
Pero fui a parar a la salita celeste de 4 años, que en realidad era amarilla, ¡estaba pintada de amarillo! Sus paredes, sus sillas, sus mesas, sus estanes, me acuerdo ese color, esa sensación amarillo viejo tiñendo estos recuerdos. Ni siquiera hoy a mis 27 años puedo entender porque se llama la “salita color celeste” y le rinde culto al color amarillo y tampoco es chiquita.
 Cuando se nos dio la tarea de copiar “la casita de Tucumán” lo más fielmente que se podíamos de un afiche pegado en el pizarrón impecable, se nos sentó a todos en las mesas impecables, con sillas impecables, con guardapolvos impecables, y se nos repartió una sola  hojas y sí...hojas en blanco impecables…Luego los crayones para cada uno.
Yo ahí nomás, antes que la seño nos dé la orden de empezar había agarrado el crayón rojo, verde, amarillo y empecé a dibujar, pensaba: - ¡que hermoso dibujo!, soy muy buena haciéndolo mientras rayaba rayaba y rayaba…se siente tan bien, soy muy capa en esto, seguro a mamá y a papá les va a gustar y van a pegar en la heladera, ¡mis abuelos me felicitaran! - me sentía patriota, una artista consagrada, no había nada que me distrajera de aquella concentración éramos solo la hoja, los crayones, el afiche del pizarrón y yo, nada era más importante que aquella satisfacción de ser yo, jamás volví a sentir el silencio de la concentración y es algo que perseguí anhelándolo toda mi vida.
Miraba el dibujo, miraba la lámina, y era tan parecido como si fuera que había pegado aquella lamina en mi hoja, incluso me confundía no sabía cuál era la lámina y cuál era el dibujo, te cuento en secreto a vos que me lees, que extraño esa sensación, lastimosamente que duro solo ese día… las puertas y ventanas verdes, el techo rojo y las paredes amarillas estaba perfecto a mi entender y a mis ojos, con tanto amor me libere en mostrarle al mundo lo que yo veía, aquello que yo podía ser y hacer… Regocijándome sin salir de mis satisfactorios sentimientos.


             Imagen del afiche del pizarrón        Mi dibujo según yo.

Hasta que alguien empezó a estirarme el brazo zamarreándome insistentemente del guardapolvo a cuadros azul, ahí fue cuando me percate de lo que había alrededor. Salí de mi hoja y de ese afiche que eran uno para mí entender e inmediatamente percibí el olor a ese color amarillo viejo, que supuestamente tenía que ser celeste o algo así.
Era mi compañera Ruth sentada a lado mío, me miro a mí, después a mi dibujo y con un gesto despectivo, la ceja levantada, la boca fruncida y mofándome de lado tuve mi primer contacto con la maldad hasta que entono su oración y también pude escuchar a la maldad diciendo: -¡que feo tu dibujo!
-¿Queeee? ¡Mi obra de arte!!!!!!... ¡era hermosa! Pensaba mientras estaba boquiabierta, no podía entender, en mi corta vida no había conocido nunca una situación similar, era nuevo para mí, en mi casa nunca sentí eso y lo revisaba desesperadamente en mis tan pocos recuerdos.
-¿Por qué?- Le pregunte -¡si esta igual que en el pizarrón! Afirme indignada.
-¡No!-me dijo
-Yo no despertaba, o me encantaría pensar que ahí fue cuando empece a dormir…
-yo miraba el dibujo, pensaba…y miraba el afiche, pensaba… ¡COMPARABA! Y los veía igual… Lo hice muchas veces tratando de descifrar que es  lo que hacía feo a mi dibujo, mientras ella me miraba y esperaba mi respuesta a algo que no sé, no entendía que quería que yo viera, que quería que yo sintiera, o que quería que le respondiera…yo no veía ni una diferencia y ella podía verlas todas…me confundí y le pregunte anonadada:-¿Por qué es feo?
Y me dijo mientras golpeaba su hoja con su mano indicándome que viera su dibujo: mira, es feo porque no es igual al afiche como el mío, ¡encima tu dibujo no tiene puertas! ¿Cómo van  a entrar las personas si no tiene puertas? Además las casas son cuadradas, y vos le hiciste redonda…
Cuando volví a mirar mi dibujo, pareciera que me lo cambiaron, sentí el tiempo detenerse y toda la responsabilidad de la patria caerse sobre mi pequeñito cuerpo, supongo que a eso le dicen realidad… Yo no podía creer, ya no era mi dibujo. Vi exactamente lo que ella me dijo, algo redondo sin puertas e inútil porque nadie podía entrar, entonces nadie podía reunirse allí para debatir, entonces nadie podía firmar nada y también nadie vive en una casa redonda y peor aún nadie podía jamás formar el primer gobierno patrio, eso era grave para mi aunque nada entendía de patria, ni de gobiernos ni de lo que me trataban de explicar ahí… ¡que iba a pasar con la humanidad! Me preocupe con todas mis fuerzas…
                            

El dibujo del afiche del pizarrón                                                                                                                                mi dibujo:

Vi su dibujo, y vi lo que ella me dijo, que su dibujo sí era igual al del afiche. Le pregunte: - ¿Cómo lo hiciste?- al mismo tiempo que observaba el orden inmaculado de sus lápices y las hojas junto otros detalles que ya he olvidado…y mientras sacaba del bolsillo algo que prendía esconder me contesto: -con esta regla – y me la mostró
Yo: -¿De donde sacaste eso?-
Ella: -lo traje de mi casa...
-Yo no conocía la regla, no sabía usarla ¡tenía 4 años!...
Cuando recuerdo su dibujo tan igual a lo que dicen que es real, lleno de rectángulos, líneas muy rectas, distancias muy medidas, aristas muy puntiaguadas, solo revivo la maldad, la dureza, la aspereza, me da escalofríos en las manos.
                                       
El afiche                                su dibujo según ella y yo

Pero aun sabiendo eso cuando recuerdo mi dibujo, la firmeza de los trazos circulares, el espacio en el medio, mi sangre guaraní de por medio, la imaginación y la libertad de querer ser aprendiendo, no puedo dejar de revivir el dolor en esta cicatriz y entré en la etiqueta de lo que está mal, hasta hoy día no logro sacármela, está mal como imagino, como pienso, como siento, como observo, está mal como soy y con ello todo lo que soy…
Aquel día cuando conocí su realidad, la valide la juzgue correcta y acepte y eso significaba anular la mía, anularme, anular mi historia, anular lo que era, seré, podría ser y obviamente todo lo que fui. Pero ¿yo que podría saber? Tenía solo 4 años, un guardapolvo azul a cuadrille, las manos enchastradas, ni siquiera podía atarme mi despeinado cabello sola, mis crayones se soltaron de mis manos rodando por el suelo, mi cuerpito se desbordo en ese nuevo sentimiento, frustración le dicen…(la escuela parece ser especialista en generar eso)… ¡yo había fracasado! Fracase desde el primer día de jardín de 4 años!...no importaba si impregne mi corazón en el intento, no importaba si me preocupe por la patria que tenemos, ni si me preocupo que hubiera un espacio en mi dibujo para hacer patria, no importo mi concentración, no importo nada ni siquiera mi imaginación por crear, ¡por dibujar diferente al calcado que pretendían! Solo… “fracaso”, una sola palabra definiendo tantos y tan complejos procesos.
Mi cuerpito no aguanto. Solo encontró la salida de deshacerse en lágrimas, gritos de espanto y salir corriendo de aquel tenebroso lugar para jamás regresar buscando a mi mamá para consolarme.
Fue el único dibujo que alguien supo que yo hice, también fue el último dibujo en el que soñé, y jamás en mi vida hubo un dibujo mío colgado en la heladera de mis papas, ni de mis abuelos. Fue la última vez que sentí ese silencio eterno de una concentración profunda, fue la única vez que me sentí yo misma sin voces que me aturdan, fue mi primera y última vez que me sentí genia, cómoda y satisfecha con lo que era en realidad, la última vez que solo fui una sola voz, mi voz… Algo murió con la caída de aquellos crayones pero la historia siguió, la vida siguió, tal crisis a nadie pareció importarle no entendí jamás nada, pase desapercibida me convertí en el numero tachado en rojo del registro y en una mala nota, los que se dicen maestros siguieron supuestamente enseñando pero nadie me advirtió que tipo de actitudes enseñaban antes de ir a ese horrendo lugar!!! y yo como es de esperar también fue la última vez que pise el Jardín de infantes, y hasta hoy no puedo entrar en la salita llamada “color celeste” pero pintada de amarillo… ¡si! , ¡Deserte el jardín de infantes! Y la exclusión se dio por no saber dibujar la casita de Tucumán, en un lugar donde se dice que vamos para aprender jamás me avisaron que yo debía ir sabiendo lo que ellos querían que sepa. ¿Cómo saber que quieren ellos que yo sepa? Este mundo me confundió siempre…yo ingenua a mis 4 años pensaba que iba para aprender cosas buenas.
Hoy me preocupa mucho más que es lo que le ocurrirá a la humanidad si tenemos esta escuela, de hoy, de ayer, de antes de ayer y desde muchos ayeres que vienen desde 1884.
HASTA ENTONCES YO NARRABA ESTA HISTORIA Y LA LLAMABA MI PRIMER EXPERIENCIA EN LA ESCUELA…AHORA LE DICEN BULLYING.
                                                  

                                             ANA LUCRECIA HOYOS.

Dedicatorias:
A mi madre columna de todos mis procesos y a mi abuela que acompaño mis creaciones siempre admirándolas (por mas horrendas que fueran) y con la hermosa habilidad de intervenir con amor cuando educaba, sin su esencia jamás escribiría los dolores de mi alma.
Conversación con mi abuela en las entregas de carpetas del jardín (en mi carpeta solo había un dibujo):
Yo: -¡ese dibujo no mires abuela es feo!
Abuela: -¿porque? ¿Quién te dijo?
Yo: -no se por qué, pero ella me dijo que es feo porque es redonda la casa y no tiene puerta.
Abuela: -pero lo que pasa que vos dibujaste adentro de la casa, la sala. Está bien porque dibujaste el espacio para que ellos puedan sentarse y charlar en la sala, sino no podrían caber en aquel lugar.


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